Twenty eight feet (Kevin A. Fraser, 2014)

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El famoso Beatus ille… que ya enunciaba Horacio en el S. I a.C. y que más tarde, no sin añoranza, recordaría Fray Luis de León con su Dichoso aquél… ha tenido siempre un hueco en el imaginario humano–casi inseparable desde el desarrollo de la vida urbana-.

Sin embargo para Horacio y sus contemporáneos, igual que para Fray Luis, era algo imposible, un anhelo agradable pero conscientemente inalcanzable. De hecho el escritor romano lo trataba ya con una ironía demasiado explícita.

Este anhelo, esta oda a la vida retirada, a escapar del mundanal ruido, parece todavía más irrealizable en el mundo occidental del Siglo XXI. De hecho, no estaríamos equivocados al definir la cultura actual como todo lo contrario a esa forma retirada de vivir a la que tanto se ha cantado desde que tenemos testimonio. A pesar de ello, hay algunos, valientes, que se atreven a tomar esa vía “retirada” y abandonar la establecida.

Esta vía es en la que navega David Welsford, el protagonista del corto dirigido por el canadiense Kevin Fraser; Welsford abandonó toda “comodidad” y decidió pasar la vida en un barco de cincuenta años recién sacado del desguace al que llama Lizzie-Belle. Juntos cruzan las costas de Puerto Rico y las islas caribeñas, con su propia versión de la hoja de alce canadiense hondeando en el mástil.

El relato de Welsford -unido a la cálida fotografía solar de Fraser- es conmovedor; a nadie deja indiferente su pasión y sus ansias de libertad. Todo esto unido a una música que transporta, se esté donde se esté, al agua salada y a la libertad que ha albergado siempre.

Para muchos una locura, para otros muchos un acto heroico, para él mismo una manera de seguir su instinto y disfrutar la plena extensión de su vida. Es algo muy común que uno se sienta más solo según esté rodeado de más desconocidos. La congestión de las ciudades, la sobre-información… quizá todo lo que se considera progreso sea una negación de la propia condición humana. Sea como sea, el debate queda abierto, del mismo modo que ha estado abierto desde el primer momento en que se formuló. Y mientras Welsford avanzará sobre las olas con sus gafas de ciclista y una leve sonrisilla de haber conseguido algo.

Aitor Boada

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