Symphony no. 42 (Réka Bursic, 2014)

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Symphony no. 42 está creado con la misma dosis de irracionalidad que de realidad. Este corto, nominado al Óscar en 2014, es el proyecto de fin de carrera de la húngara Réka Bursic, que le ha servido para dar cuenta de las relaciones –irracionales, como las describe ella misma- entre humanos y naturaleza.

Dominada por una estética naive, Symphony no. 42 es un cuento sin diálogo, una cadena de cuarenta y siete sketches aparentemente inconexos que acaban formando un todo perfectamente cohesionado y profundo, un relato que roza lo absurdo y lo real, confundiéndolos a menudo sin ningún reparo. Este conjunto de engranajes le valió a la joven creadora húngara una nominación al Óscar en 2014, la mención especial en el Festival de Cine Internacional de Hong Kong, la espiga de oro en el Festival Internacional de Valladolid y un larguísimo etcétera.

En este microcosmos naive en apariencia dulce e inocente cabe todo: unos osos polares pescando habitan la misma realidad que un zorro que dibuja el universo en un papel y un hipopótamo que emerge del suelo de la cocina no se diferencia tanto del cuadro pintado por un elefante que clama Help me en la pared anónima de una casa cualquiera.

Symphony no. 42, es una sinfonía, como su nombre indica, una obra formada por las mismas piezas absurdas, incoherentes entre ellas, diminutas, que acaban formando algo más grande y con sentido. Aunque la propia directora admita que durante el proceso las piezas carecían de unión y conexión entre ellas, cada pequeño engranaje tiene y cumple un propósito; la realidad se mezcla con lo absurdo, la crueldad tiene la misma cabida que la risa, y entre ellas forman el apoyo necesario para continuar un movimiento. Symphony no. 42 es irracional, es un masa absurda, tan cruel, inconexa y aleatoria como real.

Aitor Boada

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