¿Quién es Alien en realidad?

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Desde los años ochenta quedamos capturados por la imagen de un ser maligno extraterrestre que viajaba a bordo de una nave espacial y que hacía estragos donde quiera que fuere. Esa tensión que sentíamos cuando veíamos Alien, en nuestra preciada y olvidada tele analógica, se nos revela siempre como el terror de la persecución, pero también como el terror del encuentro con un ente extraño cuya presencia nos asustaba. De esa manera, poco a poco hemos seguido la saga hasta el 2017 en que salió Covenant.

Este ser alienígena (que en realidad es creado por un por androide que no siente ningún tipo de identificación hacia lo humano) se encuentra en estado de reposo en un planeta lejano. La historia (Prometheus) comienza cuando los arqueólogos Elizabeth Shaw y Charlie Holloway encuentran unas unas coordenadas que les dan la pista sobre el posible origen de la humanidad. Entonces deciden viajar a ese planeta extraño para averiguar de dónde venimos. En la tripulación el Androide David controla el viaje y es él mismo quien libera unas esporas que albergan su terrible creación contra los humanos: el Alien.

Muchos años después, otros humanos reciben una señal de ese planeta, van a explorarlo y ahí un pasajero queda incubado con los huevos alienígenas. El Alien nace en la misma nave donde viaja el personaje Ellen Ripley, quien tendrá que pelear contra el monstruo (El octavo pasajero). Luego, este personaje se tendrá que enfrentar con la bestia en otro planeta, que es una cárcel. Finalmente el personaje quedará incubada del enemigo del que nunca se pudo deshacer (El regreso).

Esto es precisamente el terror de Riddley Scott: la repetición. Nos gusta ver Alien porque saga tras saga presenciamos una trama que no se resuelve, una saga que despliega una problemática, un clímax y un desenlace que en realidad nunca es un final, pues siempre se remonta al inicio. La criatura logra incubar, sobrevivir. A pesar de todo el esfuerzo no se puede destruir, pues siempre encuentra una manera de reproducirse en el cuerpo humano que funciona como su incubadora.

En Covenant vemos que los personajes, después de una gran lucha por sobrevivir en el planeta en el que el androide engendró al Alien, logran escapar a la nave nodriza. Aparentemente todo está resuelto, en paz. Sin embargo, cuando la teniente Daniels está a punto de entrar a su cápsula de sueño criogénico, se da cuenta de que la persona que está a bordo no es el responsable de la tripulación, sino su hermano gemelo, David. Al final el creador androide de los Aliens gana la batalla y viaja en la nave con colonos para habitar el planeta Origae-6 en el cual la presencia humana únicamente servirá para incubar estas terribles bestias. En pocas palabras, lo que John Logan, el escritor de la saga, ha transmitido a lo largo de la serie es que el mal siempre gana.

Pero más allá de esto, se plantea una nueva pregunta. ¿Quién es el alien en realidad?, ¿Por qué David (el androide) decidió crear un monstruo que destruye la raza humana? La escena donde David se encuentra con su hermano gemelo Walter (que es su némesis) plantea un argumento fundamental para la existencia del Alien. David le dice a su hermano que la raza humana no tiene salvación, que creó el monstruo para destruir nuestra imperfección, pues solo hemos mostrado, a través de la historia, que no funcionamos como especie.

Entonces esto nos abre todo un debate presentado en el universo de Alien. Para un monstruo como nosotros, otro monstruo peor; para seres voraces como nosotros, otro más voraz y destructivo; para seres cegados por la idea de adoración hacia un solo Dios, otro ser más obediente hacia su creador. Lo paradójico es que, de alguna manera, nosotros los humanos somos el abuelo del creador; es decir, en nuestro afán de dominio científico sobre la naturaleza, nos sale el tiro por la culata, pues el androide creado por nosotros será nuestro verdugo. En pocas palabras Alien es el Frankenstein del siglo XXI.

El escenario distópico que la saga plantea es sumamente pesimista. Pues, en aras de la construcción de una sociedad más científica, una sociedad altamente progresista, nos encontramos con una imposibilidad que siempre hemos ignorado, pues no estamos a la altura del misterio, no comprendemos absolutamente nada de lo esencial y como seres inconscientes, solo podremos estar destinados a cavar nuestra propia tumba.

En otras palabras lo que Alien nos dice es que el mal está en nosotros, y el monstruo no es más que el hijo material del progreso científico. En realidad ese ente que se reproduce y no se extermina con nada es la encarnación de nuestra propia monstruosidad, llámese Auschwitz, Chernobyl, las guerras mundiales y todos los movimientos sociales que han terminado en matanza y destrucción.

La posición del Androide David, un sujeto perfecto creado por el humano, es bastante radical: “Quien me creó no sirve para estar en el mundo”, pero también es paradójica porque David, en su ideal de perfección quiere ser Dios; es decir, es un ser deseante y por ende, tiene algo de humano. Por otro lado, la idea de que Alien representa en realidad nuestra propia monstruosidad se antoja como una interpretación más de la saga en donde nuestra existencia como seres humanos solo tiene una función: incubar y albergar monstruos.

Habría que ver si en el desarrollo de las secuelas los escritores plantean una especie de salvación para nosotros o si Alien va a ser una saga que lleve un mensaje profundamente pesimista: no tenemos solución, no hemos progresado, el proceso civilizatorio sólo puede llevarnos a la destrucción. Si esto resultara verdadero, la saga estaría planteando uno de los argumentos más potentes de la misma vida, la filosofía moderna y hasta del psicoanálisis: mientras estemos vivos en este mundo solo podemos estar destinados al fracaso.

Adán Díaz Cárcamo

Adán Díaz Cárcamo nació en Córdoba, Veracruz, el 23 de agosto de 1984. Es  Licenciado en Antropología Lingüística, Licenciado en Lengua Inglesa y Maestro en Comunicación. Ha colaborado en la revista literaria Margen Cero, Resonancias, Narrativas y en Espacio Ulises de España. También ha publicado artículos para la Universidad de Colima y para le Revista de Psicoanálisis y Cultura “Topia”.  Actualmente trabaja como docente del área de humanidades y colabora con la UNAM en un proyecto sobre Cultura de Paz.

 

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