Oda a la dignidad de los humildes. Elementos del neorrealismo italiano

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La no-crítica de “Ladri di biciclette”. Vittorio De Sica 48.

75 años desde que a un tiempo se producía el último, e inverosímil, discurso de un Mussolini ya en fuga, mientras que, en la Roma de aquel marzo del ´45, Vittorio de Sica anuncia en la Asociación Cultural de Cine Italiano: “queremos liberarnos del peso de nuestros errores, mirarnos a la cara y decir la verdad, descubrir lo que éramos en realidad (…) el presente se nos plantea oscuro, pero pongo al servicio de nuestro Cine, que tiene derecho a vivir, mi entusiasmo, mi voluntad, afianzadas fehacientemente por las amarguras y desilusiones sufridas“.

Puede que se forjara con anterioridad, pero se revela firme en esa intención que confiere al neorrealismo utilidad para denuncia de realidades sociales, como herramienta tan necesaria para reflejar al hombre de esas miles de pequeñas italias en movimiento y por reconstruir. Una Italia parsimoniosa, en deuda, sin un armisticio válido, donde sobrevivir significa el estraperlo y el mercado ilegal; un tiempo en el que las necesidades son muy pocas y se desea aún menos. En definitiva, una ambientación donde los personajes tratan de sobrevivir por asociación en un medio hostil, desconocido. Es el momento de la regeneración, el enclave idóneo donde la denuncia de la violencia y de la sin razón aviva la posibilidad, la necesidad de un futuro; así “Ladri di biciclette” se convierte en una oda a la dignidad de los humildes, una de las películas más importantes de la historia y, a mi parecer, el momento culmen de la parábola expresiva en el cine de De Sica.

El director se reafirma en el arte de sondear esos micro-dramas, haciéndolos resonar hasta la reverberación que forma la tragedia colectiva. La guerra y sus repercusiones acentúan la disposición natural de observación del sujeto y quizás es por esto que, de entre los demás directores del neorrealismo, sea De Sica el menos interesado en la implantación de nuevas técnicas de rodaje (en esta su primera época de creación).

Lo que sí encontramos al revisitar la técnica en la cinta, es la importancia del rol de escenografía, que ya en aquel tiempo lo fue de la mano de Cesare Zavattini y lo será en más de 20 títulos, incluso como apoyo en el guión. Y este es otro elemento que entiendo reseñable: una escenografía empleada en la descomposición del sujeto creando personajes anónimos. Y por esto, en este clásico, los actores no son actores: son personas que memorizaron el texto, pero la interpretación es un reflejo de los estímulos que les plantea De Sica (la escena del chico llorando en la plaza, por ejemplo, es tan real por que algunos de los colaboradores en rodaje le llenaron los bolsillos de colillas y se burlaban de él). Saber que los figurantes son personas en su vida real y que todo el medio es la Roma real liberada del año 47. ¿Qué mayor aliciente que el valor documental veraz en escenografía? Esa escena se complementará con uno de los momentos más fuertes de exploración en el cine ante la posibilidad y potencialidad de cambio que pueda existir entre el niño y el hombre: aceptar al padre solo podría tener ese significado.

El que escribe se tomó un par de horas para encontrar esa calle tan inclinada que confluye en el cruce, y al final el túnel… aún existe en su composición sucinta el escenario clave de la película. Lo paradójico para mí, y atendiendo al valor que le doy como crítica aplicable a la “hostilidad” de nuestros días, el lugar donde el personaje pega un cartel ya no existe. Hoy donde se encontraba el muro te topas con el escaparate acristalado de una multinacional de cosméticos, donde encontré a un simpático “extracomunitario” menor de edad tratando de vender las típicas mercancías a la última moda. Y donde termina la acción de la escena del robo es la entrada de una famosa cadena de comida rápida, con su respectiva “zíngara” sentada en el suelo con una criatura que apenas tendría un año. Sé que es un pensamiento demasiado personal, pero: ¿no es la confirmación en nuestros días de que aquella parábola expresiva sigue siendo necesaria en nuestros días? Ni tan siquiera algo que recuerde el valor de esta obra para con la decencia de la humildad, de la necesidad de proteger una vida asequible, nada. Olvido quisiera decir; reconozco que me alejé enfadado por este vacío; hoy perplejo.

Buona visione.

GB.

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