Morir de un corazón roto

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Considerado como uno de los más excelentes directores del cine negro contemporáneo, Quentin Tarantino forma parte de la exclusiva lista llamada “Los Diez Directores De Cine Con Más Cadáveres En Sus Espaldas”. Las estadísticas dicen que, de media, sacrifica a un desafortunado personaje cada seis minutos, dicho de otra forma, veintiséis asesinatos, masacres, incendios, cuerpos partidos en dos, etcétera, por película.

Es también necesario anotar que según las dudosas cuentas de fans sádicos o geeks extremadamente aburridos, el director de Knoxville ha escrito y dirigido, si no me equivoco, el no sorprendente número de 563 muertes. Sí, 563 muertes hasta el día de hoy, siendo Inglorious Basterds y Django Unchained las ganadoras, con el número de defunciones más elevado de toda su carrera.

Documentándome para poder dar veracidad a la información que os estoy contando, he encontrado numerosos diagramas, detalladas infografías y vídeos no aptos para gente susceptible, que enumeran cada desdichada muerte según película y el instrumento o técnica usada en cada una de éstas. Haciendo un pequeño resumen, Tarantino mata a sus actores de dieciocho formas distintas, contando también como letal un portazo. Así pues, éste parece ser un tema recurrente de diálogo entre los amantes del cine.

De 563 desoladoras defunciones, hay una que me parece espectacularmente bien ideada y aún mejor dirigida. Sin duda alguna, estoy hablando de la muerte de Bill, que tiene lugar en el desenlace del segundo volumen de la sensacional Kill Bill. Sintetizando rápidamente el argumento de la historia de vendetta más sangrienta del cine, Beatrix Kiddo, cuyo apodo Tarantino quiso esconder durante el primer volumen y parte del segundo, quiere eliminar los miembros del escuadrón liderado por su ex que la dejaron en coma el día de su boda, perdiendo así a su hija nonata. No hace falta decir que su ex es Bill y que “le supo mal” que su querida mano derecha partiese con el deseo de una vida tranquila a El Paso, Texas.

Como ya he dicho, las dos entregas muestran los asesinatos de las cuatro Víboras Letales (así se hacían llamar) y su líder, Bill, llevados a cabo por Beatrix Kiddo, alias Black Mamba, alias La Novia, alias Mami. La narración no lineal de éstos, acaba con el reencuentro de la protagonista con el hombre que da nombre a la película, y surge un diálogo tan potente como trágico. Bill y Kiddo se querían. Bill, cegado por la envidia y los celos, pero también con el corazón roto, destrozó el que hubiera sido día más feliz de Beatrix. ¿Merece Bill morir? Por supuesto, y debe ser la Novia quien acabe con su vida, ella merece obtener su venganza, pero esta coyuntura no oculta el hecho que un día se quisieron y que tienen una hija llamada B.B. (Bill y Beatrix).

Este segundo volumen revela el trasfondo de los personajes, sus sentimientos y la razón de Kiddo para querer eliminar a Bill. La tierna escena que nos muestra el reencuentro de Mami con la hija que creía muerta, a la vez destapa la humanidad de un Bill que dirigió la masacre de El Paso. Un Bill que contaba a su hija que su ausente madre la quiere, que está durmiendo y que un día se despertará y que vendrá. Los personajes que en la primera entrega eran simplemente unos temidos asesinos en serie, adoptan una dimensión humana desconocida a la vez que la violencia disminuye (el primer volumen es +18 y el segundo +16, dato ciertamente revelador).

Centrándonos en el hecho que quiero comentar, recordemos cómo Beatrix da fin a la vida del personaje interpretado por un maravilloso David Carradine. La técnica “cinco puntos de presión para explotar un corazón”. La primera vez que vi la película pensé que era tan solo una técnica milenaria de las artes marciales chinas; investigué y descubrí que la técnica es un homenaje del director a las viejas películas de Kung Fu y a Bruce Lee. La segunda vez que vi la película, de repente, se me iluminó una bombilla. A Bill le “explota el corazón”. A Bill le “rompen el corazón”. Y, ni más ni menos la mujer que le dejó cuatro años atrás junto a la vida de asesina, para vivir a El Paso. ¿Cuáles fueron las últimas palabras de Bill? Eres mi persona favorita.

No estoy del todo segura que el grande Tarantino idease la muerte del temible Domador de Serpientes como la he interpretado yo. Posiblemente los “cinco puntos de presión para explotar un corazón” se quedasen en solo un homenaje. Pero me gusta pensar que, detrás de una muerte tan ansiada como ésta, y detrás de una técnica tan espectacular y sorprendente, hay un porqué. Y me gusta pensar que Bill murió con el corazón roto.

Mar Maduell Carbonell

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