La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016)

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Hay películas que, aún partiendo de hipótesis simples, consiguen abarcar tantos temas, de aportar tantas cosas, que son difíciles de enfocar en una sola crítica de una sola manera. Y Arrival (La llegada) es una de esas películas que trascienden a su trama de una manera inimaginable, casi como el idioma de los heptápodos. Y no es casual esta comparación, pues la película obedece al idioma que traen los extraterrestres, como si el guion estuviera escrito en su lengua.

Pero no avancemos tanto todavía. Primero hay que decir que Denis Villeneuve es un genio y que cada película suya es recibida como agua de mayo entre los amantes del buen cine. Con sus antecedentes, el remake de Blade Runner puede ser un buen pelotazo, porque Villeneuve es un director tan superior a Ridley Scott que no hay ni comparación.

Volviendo a la película, la trama es simple: doce naves extraterrestres acampan en doce puntos distintos del planeta, con sus naves inamovibles, con desconocidas intenciones. La llegada se centra en la nave acampada en territorio estadounidense. La protagonista principal es la lingüista Louise Banks, que es requerida por las autoridades estadounidenses para intentar entender los sonidos de estos extraterrestres. La película la vemos constantemente a través de sus ojos y sus oídos. Así, oímos silencios cuando lleva cascos puestos y empezamos a escuchar cuando se los quita. Además, la película comienza de manera muy semejante a Up, y luego, a lo largo de la película, y cada vez de manera más incesante, empezaremos a ver “flashbacks”, que gracias a un magnífico guión basado en el relato corto Story of your life, de Ted Chiang, encajan dentro de la realidad de la trama.

Y es que uno de los enfoques principales de la película es a través del idioma. A pesar de que al principio se da a entender que los extraterrestres van a emitir sonidos, finalmente es a través de símbolos como se produce el intercambio de conocimientos entre extraterrestres y humanos, para conocer cuáles son las intenciones de los primeros en la Tierra. Y la principal idea es que conocer otra lengua cambia tu forma de ver el mundo. El film no se corta a la hora de nombrar incluso la teoría que está detrás del tema principal: la hipótesis Sapir-Whorf. Pero los que conozcan a Jacques Lacan también entenderán el concepto que está detrás.

Ciertamente, la teoría de que el conocimiento de una lengua cambia tu forma de ver el mundo es llevada en La llegada al extremo de manera muy visual y directa, lo cual es un acierto total pues redondea la obra, nunca mejor dicho.

Por otra parte existe cierta dualidad entre humanidades y ciencia, como dos mitades que se complementan pero no se integran. Hay una conversación muy interesante al principio entre Louise y su contrapunto científico, el físico Ian. “Language is the first weapon to be drawn in a conflict”. Esta frase da un par de pistas que tiene que ver con la trama posterior, y habla de la minuciosidad en la escritura del guion. Pero en realidad, la película es una oda a la comunicación como forma de entendimiento en un mundo global. El poder de la comunicación entre pueblos es lo que lleva a la cooperación y la resolución de conflictos y el entendimiento entre diferentes te hace adoptar parte de la visión de los otros. Es una oda a la globalización.

En La llegada, una de esas formas de ver el mundo al aprender el idioma de los alienígenas es empezar a mezclar el tiempo. “No hay tiempo”, frase interpretada como amenaza, cobra después sentido. Pero esta parte nos lleva de nuevo a una serie de paradojas temporales, que siempre conllevan algunas dudas y algo de fe para que encajen bien. En este caso he tenido que pensarlo bien y entiendo que se podrían poner pegas al encaje de algunas certezas. Si no entro a desmenuzar estos detalles es por no entrar en posibles revelaciones demasiado importantes para el que no haya visto la película. La eterna lucha del crítico, hasta dónde se puede contar. De todas formas estas paradojas temporales también sirven para hablar de si cambiarías el presente para evitar el futuro en caso de conocerlo (¿se puede saber el futuro y evitarlo?).

Pero también es importante hablar de La llegada desde el punto de vista más cinematográfico. Su ritmo tranquilo, los planos largos, las escenas trascendentales y de desarrollo interior nos pueden llevar a pensar en una ciencia ficción “a la Terrence Malick”. La influencia se deja entrever sobre todo en los flashbacks. Sin embargo sería delito no nombrar a Tarkovsky, director más imitado que visto. Y es que la existencia de La llegada quizá no se explicaría sin la existencia de Solyaris (su ritmo, las visiones) e incluso de Zerkalo (la mezcla de temporalidades, la nostalgia familiar).

El joven director de fotografía Bradford Young realiza un fantástico trabajo que tiene presentes estas dos referencias. En conjunto con la dirección de Villeneuve, la actuación de Amy Adams, el milimétrico guion y la música de Jóhann Jóhannsson conforman una de las películas del año, sin lugar a dudas.

De todas formas no es la película perfecta. En mi opinión, las diferentes interpretaciones que puedes hacer sobre la temporalidad de la historia y lo por encima que se pasa por la parte de aprendizaje del idioma delante del muro, que creo que podría haber dado más de sí, en detrimento de otras partes de la película que podrían verse algo más resumidos.

Sin embargo, esto no desluce la calidad del film, que ya está llamado a ser una de las grandes obras de ciencia-ficción, y junto con Moon, de Duncan Jones, quizá el mejor sci-fi en lo que va de siglo.

Alberte Álvarez

8 Alberte Álvarez

9 José M. Aparicio

7 Juan Romero

9 Saúl Olmo

8.3

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