Hum (Tom Teller, 2015)

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El verdadero propósito del cine es el de contar historias y, como audiencia, el nuestro es interpretarlas para convertir esas historias en parte de nosotros. Este propósito, a veces nublado por un presupuesto de millones de dólares, afortunadamente sigue latiendo –unas veces más, otras menos- en cualquier creación, por corta que sea. Éso es lo que pasa con Hum, un proyecto de fin de curso en la escuela de cine realizado por el estadounidense Tom Teller.

En esencia, Hum no está llamado a captar muchas atenciones: la historia se centra en un robot triste y solitario que pasa su vida fregando platos en la parte trasera de un restaurante. Un día, recibe la visita de un pequeño huésped de la superficie, un breve encuentro que le ayuda a ponerse en marcha y descubrir lo que hay tras las cuatro paredes que lo mantenían retenido. Una historia que, aunque no sea parecida, sí que nos recuerda sobre todo a otra producción que jugaba con elementos similares: WALL.E. Ahora bien, acompañado de una fotografía brillante, que mezcla imágenes reales y animación, Hum se aparta de cualquier otra cinta.

La clave de este corto no radica en que su guión ofrezca algo innovador. La clave de Hum está en éso que llamaba antes la esencia del cine, en el poder que tiene una historia ajena de convertirse en propia para un espectador. La razón por la que Hum me tiene conquistado es precisamente la habilidad de reflejarnos a nosotros mismos en algo –en principio- tan inhumano como un robot. El anhelo de libertad, de descubrir, es innato en el ser humano. Hace 2.400 años Platón ya imaginaba un mundo exterior mucho más real que el que estaba percibiendo en ese momento. Esa sensación de no satisfacción, de querer conocer más allá de lo que está al alcance de la mano, en definitiva, la capacidad de soñar, es una de las pocas cosas que afortunadamente nada ni nadie ha podido arrebatar al ser humano.

En el fondo, ese robot se encuentra en la misma situación, metafóricamente hablando, y tiene las mismas inquietudes que el humano que lo está viendo. En el fondo, ese robot, un trozo de metal con ojos y cejas de limpiaparabrisas, es el reflejo de la audiencia que lo contempla. Por éso cala tan hondo. En el fondo, la historia de Hum es tan fácil de hacer propia porque ya es nuestra, tan cruda y tan hermosa como nuestra propia vida.

Aitor Boada

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