Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (Guardians of the Galaxy Vol. 2, James Gunn, 2017)

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La primera entrega de Guardianes de la Galaxia sorprendió a propios y extraños, resultando ser un éxito rotundo gracias a su frescura, su particular sentido del humor y el buen hacer de James Gunn. Pero sobre todo, gracias al carisma de unos personajes desconocidos para la mayoría del gran público (semi desconocidos incluso dentro de los lectores de cómics), lo que libró a la película del peso del hype que suelen cargar este tipo de adaptaciones. En esta ocasión, el hype obliga, al menos, a Guardianes de la Galaxia Vol. 2 a estar, por lo menos, a la altura de su predecesora.

James Gunn vuelve como director y escritor, así como todo el reparto principal: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, y en su versión original las voces de Bradley Cooper y Vin Diesel para unos Rocket y Groot con cuerpo de CGI. En esta ocasión destacan las incorporaciones de Pom Klementieff, Elisabeth Debicki, y sobre todo Kurt Rusell.

En esta ocasión la película se centra en el hallazgo de figura paterna de Starlord y… poco más. Tenemos a unos seres dorados como enemigos, pero son una mera excusa para poner la historia en marcha (y un puente a nuevos eventos en el futuro). Gunn reduce en esta ocasión la historia al mínimo para centrarse en las relaciones entre los personajes. Y eso no sería malo si todas y cada una de las subtramas personales no cayeran una y otra vez en tópicos y lugares comunes vistos hasta la saciedad. Desde la historia del padre ausente a la de las hermanas rivales, pasando por las rivalidades de tíos rudos de buen corazón, nos encontramos con giros que no sorprenden o que poco aportan para crear una buena historia, y que solo pretenden arrastrarnos a ese clímax final donde Marvel sigue pensando que más y más grande es mejor. Se echa de menos un mcguffin como la piedra del infinito de la primera parte, que servía de hilo conductor a la historia sin robar más tiempo del necesario a los personajes.

Y pese a todo, la película funciona bastante bien como entretenimiento. Los efectos son de primera, con un clímax XXL para demostrarlo. Los actores se desenvuelven sin problemas en sus roles, echándose en sus espaldas una historia que no da mucho de sí, derrochando empatía, logrando en ocasiones llegar, no sin dificultad, a enternecerse. Pero si salvan el día es gracias a toda su vertiente cómica. El guión de James Gunn está lleno de ese humor tan fresco que caracterizó a la primera parte. En ocasiones sarcástico, en otras inteligente, y con algunas joyitas de humor negro desperdigadas por el metraje. Los Guardianes saben cual es su arma más poderosa y en ningún momento ocultan que esto es una comedia. Y aquí es cuando aparece ese mal endémico del Universo Cinematográfico de Marvel. El humor mal insertado y fuera de lugar.

Existe un buen puñado de chistes con poca (o ninguna) gracia que aparecen de forma poco oportunas, reventando momentos álgidos y de tensión generados durante toda una secuencia, o haciendo una gracieta después de un gran momento de humor negro, menospreciando la inteligencia del público. En esta ocasión es menos grave que en Civil War o Doctor Extraño, pero que James Gunn, el hombre que mantuvo su toque personal en un mundo donde todos los directores siguen la fórmula mágica Marvel-Disney empiece a bajarse los pantalones de esta manera (al igual que hicieron los Russo después de Soldado de Invierno) es una señal excesivamente preocupante para quienes esperen en un futuro obras ambiciosas y de calidad, y no solo blockbusters para desconectar el cerebro.

Saúl Olmo

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