Escándalos

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Una de las películas de las que más se habló a comienzos del año pasado fue The birth of a Nation, de Nate Parker. Estrenada en enero en el festival de Sundance, consiguió un acuerdo de distribución récord y parecía que iba a ser una de las películas del año. Y sin embargo, cuando incluso se hablaba de sus posibilidades de aspirar a los Oscar, en verano empezó a recordarse por parte de los medios un desagradable episodio protagonizado por el director y protagonista de la película, Nate Parker, en 1999, en el que fue acusado de violación.

Aunque aquel fue un caso muy espinoso, la realidad es que Nate Parker acabó siendo exonerado de todos los cargos. Y ya han pasado más de quince años de aquello. Y sin embargo ese escándalo, aireado convenientemente por los más diversos medios norteamericanos, acabó por destruir casi todas las posibilidades de la película, tanto a nivel de hipotéticos premios, como a nivel comercial. Y desde luego, todas las posibilidades que podía tener a la hora de aspirar a los Oscar se desvanecieron por completo.

Al próximo Oscar sí aspirará con casi total seguridad Casey Affleck, por su papel en Manchester by the sea. También estrenada en el festival de Sundance en Enero, y también con un contrato de distribución importante, la película no tuvo un impacto tan inmediato como The Birth of a Nation, pero fue ganando tracción en sucesivos festivales y es una de las favoritas para los próximos Oscars. Recientemente, ante este aumento en la popularidad de la película, ha empezado a recogerse en los medios otro escabroso asunto relacionado con el acoso sexual protagonizado por Casey Affleck en el año 2010. Aquel caso, en el que fue acusado por dos trabajadoras suyas durante el rodaje del pseudodocumental I’m still there con Joaquin Phoenix, acabó solucionándose con un acuerdo fuera de los tribunales.

No es sencillo entender por qué en un caso la aparición de las informaciones en los medios acaba por sepultar una película mientras en el otro apenas afecta a sus posibilidades. Me da la impresión de que con Nate Parker se llevó a cabo una operación de acoso y derribo por parte de los medios mucho más salvaje que la que ha habido contra Casey Affleck. Si en el primer caso se llamaba prácticamente al boicot de la cinta, en el segundo caso normalmente se daba la información como contraposición precisamente al caso de Nate Parker, y no como un hecho de suma gravedad en sí mismo.

Evidentemente, hay varios motivos por los que esto ha sucedido de esta manera. Un caso de violación es más grave que uno de acoso sexual en el entorno de trabajo. Nate Parker es director de la película, además de protagonista. Hay ciertas circunstancias en el caso de Parker que son mucho más escabrosas que en el caso de Affleck. Y además en The Birth of a Nation hay una escena de una violación frente a la que el personaje de Nate Parker se rebela.

En cualquier caso, es muy curioso darse cuenta cómo una de las grandes candidatas a los premios fue enterrada por culpa de una campaña mediática contra uno de sus creadores por un caso de violación de hace muchos años, mientras otra de las grandes candidatas sale prácticamente indemne de una situación relativamente parecida. Sin entrar en el hecho de si los escándalos personales que los creadores de una película vivieron unos lustros antes deberían influir en la recepción de la misma, que evidentemente pienso que no, resulta extraño que en algunos casos sí puedan influir mientras en otros no.

Siempre ha habido escándalos de diverso calibre en Hollywood. Fatty Arbuckle, Errol Flynn, Robert Wagner, Woody Allen o Roman Polanski fueron acusados en diferentes momentos de diversos delitos, y la mayor parte de ellos sufrieron las consecuencias durante sus carreras. Pero también casi todos ellos lograron finalmente superar ese trance, volver a trabajar sin problemas, y que la calidad de sus películas sea el principal factor para juzgar sus trabajos. El hecho de que un escándalo pasado sea puesto de nuevo en primer plano muchos años después y consiga destrozar una película, sin embargo, no es tan habitual. Y el tener este año dos casos tan parecidos con resultados tan diversos es realmente notable.

Supongo que cuando ocurrieron los hechos ni Nate Parker ni Casey Affleck eran tan populares como para rellenar portadas, y el escándalo, relativamente mudo en su momento, aparece de nuevo cuando estos personajes ganan notoriedad. Y en lugar de tener que lidiar públicamente con los problemas cuando suceden, tienen que encararlos mucho tiempo después, cuando generan el interés suficiente para los medios. Lo cual es aún mucho más perverso.

En cualquier caso, casi todos los escándalos de Hollywood acaban pasando y, aunque en estos casos hayan llegado con un importante retraso, dentro de unos años serán pasado y sus protagonistas podrán volver a trabajar sin problemas, y podrán aspirar a premios sin miedo a que los medios hagan campaña contra ellos, una vez hayan expiado sus problemas. Como le ocurre precisamente a otro aspirante al Oscar este año, Mel Gibson, que por fin ha podido sacar adelante una película tras purgar sus pecados durante casi una década, y a quien ya nadie pide explicaciones.

Juan Romero

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