Entrevista a Samuel Miró, co-director de 500 euros

​Samuel Miró, uno de los directores de "500 euros" junto a Ruth Armas directora del festival.​
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500 euros ha sido uno de mis grandes descubrimientos durante esta semana de festival. Tengo que decir que de los largometrajes que he visto ha sido el que más me ha llegado y creo que se trata de una obra imprescindible. Es una pena, que tal como dice su director, no se trate de una película comercial.

Una forma única y especial de hacer cine, de ese que a mi particularmente me gusta, el que se centra en contar historias y no en exhibir recursos. Una batalla contra los prejuicios que llega al espectador para meterse en su mente, crear debates y generar emociones.

No se si tendrán la oportunidad de verla algún día, espero que sí, porque se necesita más cine así y más valientes como Samuel Miró y Miguel Solana dispuestos a crearlo.

Para saber un poco más de ella lean la entrevista que hicimos a Samuel durante el festival.

¿Cómo surge la idea de rodar esta película?

Hicimos un taller de interpretación de arte dramático con drogodependientes. Tenían que hacer unas horas para poder salir de los pisos de acogida y un 80% de la gente no quería estar allí. Pero empezó a arrancar y al final no querían que acabara. Al final se empezaron a abrir y te das cuenta de cómo prejuzgamos.

Un día me estaba duchando y pensé ¿por qué no cuentas unas historias que la gente juzga antes de conocer ? Y como no queríamos hacer de terapeutas se nos ocurrió la idea de dos hermanos guionistas de cine que juntan a siete personas para que nos cuenten sus vidas por quinientos euros.

En la película siete personajes nos cuentan historias muy diferentes entre sí ¿Cómo decidieron cuáles iban a ser esas historias?

Primero pensé tenemos que crear 7 personajes y pensar en que historias puedo meter y meter un conflicto porque sin conflicto no hay nada. Los actores ensayaban por separado. Sus historias duraban unos 12 minutos, lo practicábamos juntos, se iban a casa y después nos lo volvían a contar y lo fuimos retocando.

En el rodaje ellos no sabían que historias iban a contar los otros . Lo llamamos “cine vivo” porque se crea algo y el otro no sabe que va a pasar. Pero teníamos que estar nosotros para poder conducirlo un poco, aunque prácticamente no tuvimos que hacer nada.

Por ejemplo, hay un personaje, que también es mi hermana, con el que trabajamos más la empatía, y también conociendo a los actores como los conocíamos podíamos intuir como iba a funcionar. Aunque hay un momento en el que mi hermano y yo tenemos que tomar una decisión en cuestión de segundos.

¿Salieron más cosas de las que esperabas?

Sí, aunque conociendo a los actores había otras muchas que las veíamos venir. La ventaja que tenían era interpretar con la libertad de poder crear, y les gustó tanto que hasta nos dieron las gracias.

¿Cómo seleccionaron las historias que iban a entremezclar? Siento especial curiosidad con el último testimonio. ¿Qué puedes decirnos de ello?

El último es precisamente porque queríamos un cierre con sentido. Son historias que pueden salir cada día en un telediario, y hasta aquellas que parecen que podrían ser más fáciles tienen un fondo bastante importante. Todos ellos tienen una historia real que contar y eso lo podemos ver en el día a día, por desgracia.

Incluso, a veces los que parecen víctimas se conviertes en verdugos. Era un riesgo. Pero se vivió algo mágico.

Una de las chicas de las cámaras incluso me preguntó si podía llorar porque no podía contener la emoción. Y eso es una de las cosas que más nos gustan que a cada persona que ve la película le toca una historia más o menos, y eso que crea un debate. Hay personas que han llegado a decirme que ahora entienden más algunas circunstancias. Llegan a sentir empatía con personajes que jamás pensamos que podrían sentirla.

En cuánto al montaje ¿resultó sencillo o complejo?

La rodamos en un día en siete planos. Teníamos todo muy claro lo que queríamos pero si es interesante saber que como en teoría como dice la sinopsis es un material para nosotros, no ocultamos las cámaras, ni los focos, incluso se ve como les colocamos los micros, lo cual nos da aún más libertad.

Los actores lo hacen de maravilla, es imposible no meterse de lleno en la historia…

Hay gente que la ha visto y que no se dieron cuenta de que eran actores hasta que vieron los créditos.

Tengo que confesar que a mi me pasó ¿Qué expectativas tienes respecto a la cinta?

Esta es la primera vez que la veo en pantalla grande y me emocioné bastante y además estoy muy contento con las devoluciones que la gente me está dando. No tenía grandes pretensiones, era más como un experimento que como actor me parecía interesante probar. Así que cualquier cosa va a ser buena, lo que si me gustaría es que la gente la pudiera ver, soy consciente de que no es una película comercial, pero si me gustaría que se viera.

Si te dieran a elegir ahora mismo entre actuar y dirigir ¿con qué te quedas?

Con dirigir. Estoy experimentando y me gusta, es un cambio y lo hago de la manera en la que me gustaría que me dirigieran a mi. Es otro punto de vista. Pero también disfruto con la actuación, el año que viene se estrena en cines “Los futbolísimos” de Miguel Ángel Lamata, el cuarto largo de él en el que salgo. Y la verdad es que me lo paso pipa, me encanta. Él, junto a mi familia, es una de las personas que más me apoya y anima a dirigir. Me dice: “hazlo”.

Hablando de tu familia. Diriges junto a tu hermano, tu hermana es una de las actrices ¿Son una familia de artistas?

Mi abuelo era actor y mi padre también de pequeño hizo alguna película. Somos cinco hermanos y cuatro estudiamos arte dramático.

Ana Carreño

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