El Círculo (The Circle, James Ponsoldt, 2017)

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Saber es bueno, pero saberlo todo … no tanto.

El Círculo es una película futurista que muestra las posibles repercusiones del uso desmedido de la tecnología en nuestras vidas. Al comienzo de la película nos presentan a Mae, interpretada por Emma Watson, una joven cuyo padre sufre de esclerosis múltiple. Un día le ofrecen un puesto dentro de “El Círculo”, la mejor empresa del mundo en alta tecnología, y no duda en aceptarlo. Es la oportunidad de su vida. No obstante, trabajar para El Círculo tiene sus implicaciones. Mediante un sistema operativo propio llamado True You se unifica a todos los miembros de la comunidad de El Círculo. Este sistema reúne, entre otros, direcciones de email, perfiles de redes sociales, operaciones bancarias y contraseñas de los usuarios, creando así una única identidad virtual y veraz. Pero Mae no tardará en darse cuenta que estar conectada para la comunidad constantemente tiene sus consecuencias.

Esta película es muy reveladora en tanto a la situación en la que nos encontramos actualmente. Hemos llegado a un momento donde el control de los medios de comunicación y de las redes sociales sobre la vida real es prácticamente global. Los peligros del exceso de comunicación o exposición de nuestra vida al público, normalmente desconocido, son tangibles.  ¿Qué pasaría si nuestras vidas fuesen transparentes? ¿Actuamos mejor cuando nos sentimos observados o cuando pensamos que nadie nos ve? “Los secretos son mentiras”. Reflexiones como estas son las que, a lo largo de la película, son vertidas por parte de Eamon Bailey, interpretado por Tom Hanks. Reflexiones que hacen llegar a creer, por un momento, que esta propuesta, la de la creación de la comunidad True You, es la idónea para solventar algunos problemas de nuestra sociedad: reducir el número de atracos, asesinatos, vandalismo, etc. Por lo que, el simple hecho de hacerte reflexionar sobre esto, abrirte la mente, es la clara prueba de que esta película ha cumplido su cometido. Y tanto que lo ha hecho, pues no fueron pocos los que, tras abandonar la sala de cine, corrieron a cerrar algunas de sus cuentas en Internet o borraron sus perfiles sociales como Facebook, Twitter o Instagram. Aunque los que no lo hicieron seguro que son mucho más comedidos a la hora de hacer sus publicaciones en la red tras haber visto esta película.

El traspaso del control ético de la comunicación que muestra El Círculo es francamente preocupante. “Saber es bueno, pero saberlo todo es mejor” ¿De verdad lo creemos? Si somos realmente honestos con nosotros mismos nos daremos cuenta de que no queremos saberlo todo, no nos interesa saber lo que otra persona está haciendo las 24 horas del día, los 7 días de la semana, porque no estaríamos viviendo nuestra vida sino la de otra persona.

Esta película es futurista, no en cuanto al contenido sino en tanto al mensaje que transmite. Un mensaje que cala en la audiencia, pues la película no trata de la revolución de los dispositivos electrónicos, como se viene haciendo en la industria cinematográfica desde hace mucho tiempo. No se muestran aparatos electrónicos que, en vez de cumplir la función de facilitarnos la vida, se vuelven villanos e intentan acabar con la humanidad. No, El Círculo no trata de esto, El Círculo va más allá. Esta película nos muestra lo peligrosos que podemos ser los humanos frente a un control ilimitado de la electrónica que sacie nuestra necesidad de saber.

En resumen, El Círculo es una película sobre las personas en la era digital no sobre la era digital sobre las personas, pues aunque lo pueda parecer, no es lo mismo, el enfoque cambia. Es de las primeras películas en poner al ser humano en el punto de mira defendiendo que la electrónica por sí sola no es un ente maligno, sino que depende del uso que se da de ella. Pero eso a muchos no les apetece saberlo pues es mucho más fácil culpar a “alguien” que no se puede defender.

Aitana García

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