Baaría (Giuseppe Tornatore, 2009)

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Décima película escrita y dirigida por el ya internacionalmente célebre Giuseppe Tornatore que, junto con Bertolucci (y siempre a mi parecer), cierra la tan prolífica época de éxitos de finales y principios de milenio. Quizás en el caso de Tornatore sea de manera especial, ya que inexplicablemente cintas como “Nuovo Cinema Paradiso”, “La leyenda del pianista en el océano” o “La Mejor Oferta”, no han servido para acercar a público y crítica a la calidad de su obra aquí en Italia. Sé que esta es la película que pensó hacer de viejo, y de nuevo, creo que incomprendida.

Baaría es reminiscencia. Una vista a la vida tradicional del pasado de tan pintoresca región; es el fruto de saber contar una historia rica de personajes, remembranza de costumbres y sucesos, con todo el poder de ilusión y recreación que permite este arte. Trata de las vidas de tres generaciones de una misma familia en Bagheria (Sicilia) a lo largo de 51 años. Así los personajes pasan por época fascista, el desembarco de los Aliados, la República y Reforma Agraria, el Partido y el Movimiento… siempre con las constantes de los Don y la vida de los pecheros de las “Masserie”. La gran cantidad de elementos culturales y personajes costumbristas sin duda la caracterizan.

Decir que está coprotagonizada por Francesco Scianna y Margareth Madè quizás es como decir nada, pero se suceden las apariciones de muchos de los actores de renombre naturales de Sicilia de los últimos años (Ficarra y Picone, Nino Frassica, Enrico lo Verso, Nicole Grimaudo y dos docenas más de nombres muchos jóvenes entonces, hoy famosos de la televisión y de la gran pantalla). Mención especial para el cameo de Monica Bellucci (posible guiño a Malèna), y el tremendo trabajo de nuestra Ángela Molina, tantas veces premiada en el cine italiano. Como elementos técnicos destacan el esfuerzo en trabajo de escenografía para con la recreación de la antigua Bagheria, el añadido de color en fotografía, la discreta creación musical del reciente oscarizado Ennio Morricone y como firma del director, esa fresca colección de chavales que a menudo acompaña la línea del cine de Tornatore; el rol de ensoñación, aquí hilo entre las distintas vidas. Chicos que nunca son actores profesionales, es imposible emular esa energía emocional con tan poca experiencia.

Si bien, Tornatore es un conocido activista social. Nacido precisamente en esta época, y en ese mismo pueblo siciliano. Sabiendo que en ocasiones se ha basado para realizar el guión en novelas y ensayos (como con Baricco), no es difícil pensar que lo que aquí vemos es una gran colección de personas; sucesos y recuerdos recogidos del propio entorno e imaginario colectivo “real”. Los personajes que salpican cada escena con particularidades reales roban el protagonismo, alejando la posibilidad de percepción de una trama, una línea que dé sentido a la película: esto no es así, y de ahí, creo, su mala crítica. Se me hace muy difícil creer que toda esa atmósfera sale de su imaginación, por tanto, y para los que gustan de estos temas de la tradición popular y costumbres, la hace aún más atractiva si cabe al pensar que: es real.

El que escribe la ha visto ya unas cuantas veces en su versión original, y es imposible entender la totalidad del texto dialectal original en baariuotu. De hecho, los diálogos actuales fueron modificados dos veces para acercarlo un poco más al italiano. No me atrevo a aconsejar una visión en su versión auténtica, pero desde luego sí la subtitulada; ya que el trabajo de doblaje en español atenúa toda la riqueza y fuerza del habla dialectal siciliana. Eso sí, como clásico semicoral, disponeros para una proyección larga.

Germán Botejara

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