1st part conditional (Markus Schinwald, 2004)

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Innecesariamente, y cayendo en la simplificación extrema, se intentan diferenciar siempre dos esferas opuestas en cualquier creación artística –sobre todo en el cine-: la primera es una esfera más “comercial”, orientada hacia el gran público y las salas de cine, y la segunda es una esfera más “artística” –no con la intención de restar creatividad a lo comercial-, orientada a las minorías y las galerías de arte, que se codea con la pintura y la escultura y presume de compartir sala de exposición con ambas.

El corto de este mes, dirigido y producido por el austriaco Markus Schinwald, se ha desligado de esa esfera orientada hacia las grandes salas de cine y nos abre un nuevo camino repleto de preguntas. Para el austriaco las etiquetas son innecesarias: su obra abarca el cine, la pintura y la coreografía, que acaban mezclándose sin dificultad y formando un todo cohesionado.

1st part conditional está lleno de símbolos, lleno de preguntas a las que no se intenta ni se quiere dar respuesta, preguntas constantemente rodeadas de cierta angustia e impaciencia. Aquí el director austriaco –como en toda su obra- indaga en la incomunicación, en lo que se dice y lo que no se dice. Observa desde fuera los dos opuestos, y los ve separarse pero no intenta juntarlos, simplemente los describe de una manera fría, como de observador apático, bajo una mirada de francotirador paciente y silencioso que espera el momento preciso.

Se nos presentan dos personajes, no hay diálogo y la música tampoco ayuda demasiado. Se obliga a estos dos personajes a describirse por sí mismos, por su forma de moverse, por su relación con el escenario… Como oí una vez, la mejor manera de aburrir es contarlo todo, y 1st part conditional no hace ni lo uno ni lo otro, es una de estas cintas que te exige observarla con atención cinco veces más y todavía seguirá planteando las mismas dudas del principio además de otras nuevas.

Y, sobre todo, esta cinta consigue cuestionar esa innecesaria obligación de etiquetar, de diferenciarlo todo y calificarlo. En tres minutos nos describe la absurda lucha entre opuestos, tan aparentemente sólida y a la vez tan necesariamente quebrantable, de la que formamos parte y a la que contribuimos. Es una cinta que nos permite sacar nuestras propias conclusiones. Esto, al fin y al cabo, desde la kathársis griega hasta hoy, es lo que ha pretendido cualquier creación humana: indagar en lo desconocido y presentarlo para asimilarlo ya sin miedo, para, en definitiva, construirnos a nosotros desde nosotros mismos.

Aitor Boada

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